El presidente colombiano Gustavo Petro afirmó que Jesús llevó una vida íntima semejante a la de cualquier hombre y que incluso «hizo el amor» con María Magdalena, el mandatario no solo expresa una opinión personal, sino que plantea afirmaciones que chocan frontalmente con la enseñanza bíblica. Estas palabras contradicen la imagen de Jesús como el Salvador, sin mancha y plenamente obediente a la voluntad del Padre.
Interpretación contemporánea y reducción de la figura de Cristo.
Durante su discurso en la reapertura del Hospital San Juan de Dios, el presidente Gustavo Petro afirmó: «Yo creo que Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena, porque un hombre así sin amor no podía existir». Esta declaración proyecta una interpretación personal sobre la figura de Jesucristo y plantea una lectura que asocia el amor de Jesús con una dimensión sexual, omitiendo su comprensión tradicional como una expresión de carácter espiritual, ético y trascendente.
La Biblia presenta a Jesús como el Cordero «sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:19), plenamente consagrado a la misión de redimir a la humanidad. En ningún pasaje bíblico se sugiere la existencia de una relación sexual entre Jesús y María Magdalena; por el contrario, ella es descrita como una discípula fiel, testigo privilegiada de la resurrección y un ejemplo significativo de restauración y transformación espiritual.
La verdadera naturaleza del amor cristiano.
Cuando Petro afirma que «un hombre así sin amor no podía existir», introduce la presuposición de que el amor auténtico se define o se valida a partir de la expresión sexual. En contraste, las Escrituras presentan una concepción del amor radicalmente distinta: «Dios es amor» (1 Jn 4,8), y Jesucristo encarna ese amor no como búsqueda de satisfacción personal, sino como servicio, sacrificio y entrega total, culminados en la cruz.
El amor de Cristo se manifestó de múltiples maneras: al lavar los pies de sus discípulos, al perdonar a sus enemigos y al dar su vida «en rescate por muchos» (Marcos 10:45). Estos actos revelan la pureza de su amor, no una expresión sentimental o sexualizada como sugirió el mandatario colombiano. Al afirmar que Jesús «murió rodeado de las mujeres que lo amaban» e insinuar que eran «muchas», el presidente introduce una lectura emocional que carece de sustento bíblico.
Discipulado femenino y sentido espiritual del esponsalicio.
Los Evangelios mencionan a varias mujeres al pie de la cruz como testimonio de fidelidad y discipulado, no como una supuesta corte amorosa. Cristo es presentado en el Nuevo Testamento como el Esposo de la Iglesia en un sentido espiritual y eterno (cf. Efesios 5:25–27). Su propósito no fue el de establecer una relación romántica en términos humanos, sino el de santificarla, habiéndola purificado, a fin de presentársela a sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga.
Cuando líderes públicos trivializan la figura de Jesucristo, al reducirlo a la medida de sus propias pasiones, se oscurece su santidad y se corre el riesgo de generar confusión entre los fieles, promoviendo visiones distorsionadas de la fe. Ante ello, la Iglesia está llamada a responder con claridad y firmeza, recordando quién es Cristo según la Palabra revelada: verdadero Dios y verdadero hombre, plenamente humano, pero sin pecado.
La santidad de Cristo y la fidelidad a la Revelación.
La carta a los Hebreos afirma que Jesús fue «tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Heb 4,15). Esta afirmación subraya que experimentó plenamente las limitaciones humanas —como el cansancio, la soledad y la tentación— sin ceder jamás al pecado. En este sentido, su humanidad no fue afirmada ni legitimada a través de la inmoralidad, en contraste con ciertos discursos culturales contemporáneos que tienden a normalizarla como una forma de validación de lo humano.
Frente a cualquier intento de moldear a Jesús según nuestras debilidades, la respuesta debe ser un retorno fiel a las Escrituras, la reverencia a su santidad y la proclamación del Cristo que amó hasta la muerte, no como un amante más, sino como el Salvador perfecto: santo, puro y plenamente digno de toda adoración.
Fuente: Aepmp News




